Inteligencia Artificial 5 min de lectura 978 palabras

LibreOffice y la IA que no viene de serie

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LibreOffice y la IA que no viene de serie

Con el anuncio de LibreOffice 26.8, alguien dejó en los comentarios una pregunta medio en broma: "¿Así que no tener IA es ahora una característica?". La Document Foundation, la fundación detrás de LibreOffice, ha contestado con un artículo titulado precisamente así, Yes, no AI is now a feature, y me parece una de las posturas más sensatas que he leído este año sobre IA en software de escritorio.

La idea no es “la IA es mala”. Es algo más concreto: LibreOffice lo usan decenas de millones de personas en colegios, hospitales, administraciones públicas o despachos de abogados, y no va a meter nada en la instalación por defecto hasta que se pueda hacer bajo unas condiciones que el proyecto ha puesto por escrito.

Las seis condiciones

Lo que más me gusta del artículo es que no se queda en una declaración de principios. Hay una lista, y es muy clara:

CondiciónQué significa
Ejecución controlada por el usuarioEl usuario elige dónde se ejecuta el modelo: en su ordenador, en una infraestructura suya o en un servicio que elija él. Un ajuste por defecto que manda todo a un único proveedor no es una elección
Nada sale del ordenador sin permisoEnviar un documento tiene que ser una decisión del usuario, no algo que la aplicación hace en segundo plano
Cero telemetríaLibreOffice no recoge datos de uso, y eso también vale para la IA
Sin dependencia de un proveedorUna integración que sólo funciona con la API de una empresa es un mecanismo de dependencia, lo llamen como lo llamen. Las interfaces deben ser abiertas y admitir varios backends
Sin concesiones en el formatoLo generado tiene que ser ODF, con su estructura, estilos y semántica
Totalmente opcionalInstalable, desinstalable e invisible para quien no la quiera, incluidos los administradores que despliegan en miles de puestos

El segundo punto es el que me parece más importante, y el artículo lo explica muy bien: el contenido de un documento es del usuario y muchas veces es material protegido por ley. Historiales médicos, expedientes judiciales, pliegos de licitaciones, datos de alumnos. No es lo mismo que un asistente te sugiera una frase en un correo personal que mandar a un servidor externo el informe de un paciente sin que nadie lo haya decidido.

Dónde están hoy

La conclusión de la fundación es que, hoy, ninguna integración cumple las seis condiciones y se puede activar por defecto y mantener durante todo el ciclo de vida de una versión. Insisten en que es una valoración del estado actual de la tecnología y no un juicio sobre el sector.

Mientras tanto, quien quiera IA tiene extensiones. La mayoría se conectan a un modelo que se ejecuta en local con Ollama, LM Studio o cualquier servidor compatible con la API de OpenAI, así que el documento no sale del ordenador. Eso sí, son extensiones de terceros, con distintos niveles de madurez, y la fundación avisa de que hay que revisarlas como cualquier otro componente externo: comprobar si tienen configurado algún servicio en la nube y qué hace ese proveedor con los datos.

Es un modelo que me parece muy razonable. La funcionalidad existe para quien la quiere y no le cuesta nada a quien no.

Por qué su postura es distinta

La parte más honesta del artículo es la que explica por qué LibreOffice piensa distinto que las grandes suites de oficina, y la respuesta casi no tiene que ver con la tecnología.

Para una empresa que vende suscripciones, un asistente de IA justifica subir el precio y refuerza el argumento de tener todos los documentos en su infraestructura. La funcionalidad y el modelo de negocio se refuerzan mutuamente, así que integrarla no es sólo atractivo, es casi obligatorio.

La Document Foundation es una organización sin ánimo de lucro: no tiene planes de suscripción que proteger, ni ventas adicionales, ni datos que monetizar. Ellos mismos dicen que eso no les hace más sabios que nadie. Lo que les da es tiempo para decidir si algo es de verdad útil para sus usuarios, porque no dependen de los resultados trimestrales.

Me parece un razonamiento muy limpio. Cuando todas las aplicaciones que usas a diario te enseñan un botón con destellos que no has pedido, conviene preguntarse a quién beneficia ese botón, y la respuesta no siempre es al usuario.

No es un no definitivo

El artículo cierra dejando la puerta abierta, y creo que es importante subrayarlo. La inferencia local cada vez es más asequible en hardware normal y los modelos abiertos están mejorando más deprisa de lo que casi nadie esperaba. Si aparece una solución que cumpla todas las condiciones, la evaluarán.

Esto encaja con lo que viví en agosto clasificando casi 30.000 noticias con IA en un portátil: hoy ya se pueden hacer tareas útiles con modelos locales sin que un solo dato salga de tu máquina. No es difícil imaginar dentro de poco un asistente para LibreOffice que resuma, corrija o reescriba con un modelo local y que cumpla las seis condiciones sin forzar nada.

Lo que me llevo

Me quedo con la lista, porque sirve para mucho más que para una suite ofimática. Elegir dónde se ejecuta, no enviar nada sin permiso, sin telemetría, sin depender de un proveedor, formatos abiertos y todo opcional. Si mañana tuviera que evaluar una integración de IA en cualquier producto, empezaría por ahí.

Y me quedo también con el cambio de perspectiva. Durante dos años, “tiene IA” ha sido un argumento de venta casi automático. Que un proyecto con decenas de millones de usuarios diga en voz alta que, con las condiciones actuales, no tenerla por defecto es lo que protege a sus usuarios es una señal de que la conversación está madurando. Tener IA ya no basta: importa dónde se ejecuta, quién controla los datos y si el usuario puede decir que no.