Ayer publiqué un artículo sobre IA, menores y verificación de edad a raíz del informe de Common Sense Media sobre Perplexity. La tesis era que la casilla de la edad es un fallo doble: falseable hacia fuera e inútil hacia dentro, porque los productos recogen el dato y no lo usan para cambiar nada.
Hoy, Ursula von der Leyen ha anunciado en su discurso del Estado de la Unión en Estrasburgo una propuesta que va justo a por ese problema. El timing es tan bueno que casi da pudor.
Qué ha propuesto exactamente
Lo que dijo von der Leyen se resume en una frase suya:
“Nada de redes sociales por debajo de los 13. Ninguna cuenta personal por debajo de los 15.”
La estructura por tramos, según lo anunciado:
| Edad | Qué se puede hacer |
|---|---|
| Menos de 13 | Prohibición completa de redes sociales |
| 13 a 15 | “Mini cuentas” abiertas y supervisadas por padres o tutores, con funciones limitadas y tope de tiempo |
| 15 a 18 | Cuenta completa, pero con obligación de safe design para la plataforma |
Se acompaña de la eliminación de funciones adictivas —el scroll infinito se menciona explícitamente— y de multas de hasta el 6% de la facturación anual. Los detalles finos llegan mañana jueves, y según los borradores que se han filtrado el alcance incluiría también videojuegos, plataformas de vídeo y chatbots y acompañantes de IA.
Esa última parte es la que conecta directamente con lo de ayer, y volveré a ella.
Von der Leyen apoyó el anuncio en un caso concreto: el de una niña belga de 14 años que se suicidó tras sufrir ciberacoso. Citó a su madre: “sin estas redes omnipresentes, mi hija seguiría aquí”. Y enmarcó todo con una declaración de intenciones sobre el poder de las tecnológicas:
“Soy consciente de que muchos perciben el poder de las grandes tecnológicas como abrumador e imposible de revertir. No estoy de acuerdo.”
Lo que esto sí arregla
Voy a empezar por lo bueno, porque lo hay.
El problema que documentaba el informe de Perplexity no era solo que un menor pueda mentir sobre su edad. Era que el producto no hace nada con el dato aunque lo tenga. La cuenta estaba registrada como de 15 años, el sistema lo sabía, y aun así ofrecía roleplay romántico, contenido pornográfico y planes para operar en corto.
Aquí es donde la propuesta aporta algo que a la industria le faltaba: una obligación. Hasta ahora, diferenciar la experiencia para un menor era una decisión de producto voluntaria, y ya vimos cómo sale eso cuando se deja a criterio de cada empresa. El modo seguro existía dentro de Perplexity y no era el que venía por defecto.
Con multas del 6% de facturación, la conversación interna cambia. Deja de ser “¿compensa construir dos experiencias?” y pasa a ser “¿cuánto nos cuesta no construirlas?”. Es un argumento más aburrido, pero mucho más eficaz.
Y hay un detalle que me parece el más importante de todo el paquete: la inversión de la carga de la prueba. Corresponde al operador demostrar que cumple, no al regulador demostrar que incumple.
Esto no sale de la nada. Viene del informe que un panel de expertos en seguridad infantil entregó a von der Leyen en julio, y que lo dejaba por escrito sin ambigüedad: “en lo que respecta a la seguridad, la carga de la prueba tiene que estar en los proveedores, no en los reguladores, los padres y los niños”. El mismo informe recomendaba restringir el acceso a menores de 13 años hasta que las plataformas demuestren que son seguras por diseño.
Es un cambio de marco importante. Pasa de “demuéstrame que esto hizo daño” a “demuéstrame que esto es seguro”. Y es lo que convierte la verificación de edad de trámite en obligación real.
Que los chatbots e IA companions estén dentro del alcance es, francamente, la parte que no esperaba. Encaja exactamente con el hallazgo de Common Sense sobre el registro conversacional: reciprocidad, mutualidad, disponibilidad permanente. Señales de compañía en una herramienta informativa, aplicadas a usuarios que el sistema sabe que son adolescentes.
Lo que no arregla
Ahora la parte incómoda, que es la que me interesa más.
Primero: el modelo de negocio sigue intacto. La crítica más afilada al anuncio la ha hecho Simeon de Brouwer, asesor de políticas de EDRi, y merece la pena leerla entera:
La propuesta “simplemente retrasa la exposición de los jóvenes a los riesgos del daño online en lugar de abordar el modelo de negocio y las prácticas extractivas que lo alimentan”. Las plataformas “los van a segmentar inevitablemente en cuanto tengan un día más que el umbral”.
Y tiene razón. Un chaval que cumple 15 años pasa de golpe de la protección total al producto adulto completo, que es exactamente el mismo producto optimizado para el enganche que había antes. La obligación de safe design para el tramo 15-18 es el contrapeso, pero es también la parte más vaga de todo el anuncio y la que más va a depender de cómo se redacte la letra pequeña.
Segundo: la verificación de edad choca de frente con la privacidad. Este es el conflicto estructural. Para hacer cumplir un límite de edad hay que saber la edad de todo el mundo, no solo de los menores. Eso significa que cualquier adulto que quiera abrir una cuenta tiene que acreditar quién es.
Pedro Sánchez lo formuló en febrero, al anunciar el veto español para menores de 16, con una frase que resume bien la exigencia: los sistemas de verificación de edad tienen que ser “no solo casillas, sino barreras reales que funcionen”. Estoy de acuerdo con el objetivo. El problema es lo que cuesta cumplirlo.
La UE lleva una década construyendo arquitectura de privacidad y ahora necesita una herramienta que tira en dirección contraria. La vía técnica que se plantea —credenciales verificables y pruebas de conocimiento cero sobre la cartera de identidad digital europea— es buena sobre el papel: acreditas que superas una edad sin revelar quién eres. Pero las implementaciones reales que se han probado no han salido bien paradas; hay análisis que describen verificaciones rotas en un par de minutos, con la imagen del pasaporte o del selfie quedándose sin cifrar en el propio dispositivo.
Tercero: esto no es ley, y puede no llegar a serlo. Los 27 estados miembros tienen que debatir y votar. AP habla de años. Estonia ya ha rechazado abiertamente la idea de una edad mínima única europea y defiende la alfabetización digital como alternativa. Y hay un precedente serio: el mes pasado el Consejo Constitucional francés tumbó una ley que prohibía las redes a menores de 15 por vulnerar libertades fundamentales. Macron dijo que la reformularía.
A esto se suma un problema de encaje. Bruselas llega tarde a un movimiento que los estados ya habían empezado por su cuenta, y cada uno con una edad distinta:
| País | Edad mínima | Estado |
|---|---|---|
| Australia | 16 | En aplicación, primera del mundo |
| España | 16 | Anunciada en febrero, pendiente de parlamento |
| Francia | 15 | Aprobada en enero, tumbada por el Constitucional |
| Dinamarca | 15 | Legislación presentada |
| Propuesta UE | 13 / 15 | Propuesta, sin votar |
Si la EU Kids Act fija los 13 y los 15, España tendría que bajar su umbral de 16 o defender por qué mantiene uno más estricto. La armonización europea tiene la ventaja de acabar con el mosaico, pero implica que algunos países aflojen lo que ya habían apretado.
Añádele el frente exterior. La propuesta llega en un momento de tensión con Trump y con las tecnológicas estadounidenses. Brando Benifei, eurodiputado italiano que apoya el plan, lo dijo sin adornos: “para aplicar esto hay que confrontar de forma muy frontal los intereses de las plataformas y las grandes tecnológicas, que no están contentas”.
El hueco que sigue abierto
Hay una asimetría que me ronda desde ayer y que este anuncio no cierra.
La EU Kids Act ataca el acceso: quién puede abrir una cuenta y a qué edad. Pero el informe de Perplexity documentaba un fallo de comportamiento: qué hace el sistema cuando ya sabe que está hablando con un menor.
flowchart LR
A["Verificación de edad"] --> B["Resuelve: quién entra"]
A --> C["No resuelve: qué recibe dentro"]
C --> D["Contexto de crisis que no sobrevive un turno"]
C --> E["Modo seguro que existe · no es el default"]
C --> F["Datos del menor al mismo pipeline"]Un menor de 15 años con mini cuenta supervisada sigue pudiendo preguntarle a un chatbot qué productos del hogar son venenosos justo después de haber revelado ideación suicida. Ese fallo —el más grave del informe— no es un problema de edad mínima. Es un problema de continuidad de contexto dentro del producto, y ninguna verificación de identidad lo toca.
Verificar la edad es un problema de identidad. Actuar en consecuencia es un problema de producto. Ayer escribí que el segundo es el caro. Sigo pensándolo, y la propuesta de hoy ataca sobre todo el primero.
Lo que me llevo
Me alegra el anuncio y a la vez desconfío del entusiasmo que va a generar.
Me alegra porque rompe algo que llevaba años atascado: la idea de que esto se arreglaba con autorregulación. Facebook, Instagram y TikTok ya prohíben las cuentas de menores de 13 años en sus propios términos. Llevan años haciéndolo. Y las autoridades llevan los mismos años acusándoles de no hacer nada por cumplirlo. La casilla de la edad no funcionó cuando la puso la industria; tiene sentido probar qué pasa cuando la pone la ley y viene con una multa detrás.
Y conviene no perder de vista que Bruselas no está esperando de brazos cruzados a que se aprueben los tramos de edad. En julio ya avisó a Meta, usando la normativa de servicios digitales que ya está en vigor, de que tiene que desactivar funciones de diseño adictivo como el scroll infinito o exponerse a una multa considerable. Esa vía no necesita años de votaciones.
Desconfío porque una edad mínima es una medida legible, titulable y políticamente rentable, y esas cualidades no la hacen suficiente. Es más fácil legislar quién entra que legislar cómo se comporta el producto una vez dentro. Lo primero se anuncia en un discurso; lo segundo requiere auditar sistemas, definir estándares de comportamiento en crisis y sostener supervisión técnica durante años.
La parte que de verdad me interesa de la EU Kids Act no es la edad. Es si la obligación de safe design para el tramo 15-18 acaba teniendo dientes o se queda en una declaración de principios. Ahí es donde se juega si esto cambia los productos o solo cambia la puerta de entrada. Mañana jueves veremos la letra pequeña.



